
Entierro prematuro
¡Grita... pero nadie te oirá a tres metros bajo tierra!
El artista irlandés Harry Clarke perteneció a los últimos modernistas del Art Nouveau. Su arte ya estaba empezando a estar pasado. Sin embargo, no se me ocurre mejor artista que Clarke para ilustrar relatos de Edgar Allan Poe como El entierro prematuro (1844). A las pruebas me remito.
Estamos ante un obra maestra del terror gótico. Un señor enterrado vivo, nada menos. Pero Clarke hace que hasta la claustrofobia y la angustia sean bonitas y estéticas.
En esta imagen, Clarke lo deja todo negro, algo típico de su estilo, como también típico es dejar espacios vacíos. Los elementos que hay, eso sí, son minuciosos y ricos en detalles y patrones decorativos.
Divide la composición en dos planos con líneas intrincadas y raíces retorcidas que descienden al subsuelo. Arriba, vegetación estilizada. Abajo, muy abajo, en su oscuro y estrecho ataúd, el protagonista viviendo su peor pesadilla.
Clarke conocía bien su oficio: empleaba una técnica donde la tinta repetía bucles, filigranas y texturas de forma orgánica. Él mismo lo llamó «fuego controlado». Eso hacía que sus ilustraciones (y vidrieras, Clarke esra sobre todo vidrierista) tuvieran un aire calidoscópico, sobre todo en sus obras a color. No es de extrañar que los hippies de los 60 abrazaran su arte varias décadas después.
Harry Clarke