
Heathcliff bajo un árbol.
“¡Quédate siempre conmigo, adopta cualquier forma, vuélveme loco! ¡Pero no me dejes en este abismo donde no soy capaz de encontrarte!”
Una de las novelas clásicas más populares que ilustró Fritz Eichenberg fue Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, y de los 17 grabados que realizó en total para este libro, este es probablemente uno de los más conocidos.
La imagen muestra a Heathcliff, protagonista de la historia. Eichenberg retrata a este malvado y complejo personaje apoyado bajo el tronco de un árbol grande y robusto. Las líneas del grabado reflejan las fuertes rachas de viento que se producen en los páramos de Yorkshire, Inglaterra, localización de esta historia, ese lugar remoto y aislado en el que viven los personajes, un sitio caracterizado por fuertes lluvias, tormentas e incesantes ráfagas de aire. Climatología que tal vez sea en parte la razón de la locura de los protagonistas, sus actitudes, arrebatos y todas las malas decisiones que toman.
Dicho vendaval sacude las solapas del abrigo de Heathcliff, mientras este eleva su rostro hacia el cielo, aparentemente imperturbable a pesar del mal tiempo, reflexivo y con aspecto desgraciado. Este ambiente climático y también el retorcimiento de las ramas del árbol sin ninguna hoja simbolizan el tormentoso amor (si es que así podemos llamarlo) entre él y Catherine Earnshaw, una relación que más que amor es obsesión; tóxica y violenta, condenada sin remedio al desastre.
Eichenberg recibió el encargo de las ilustraciones para Cumbres Borrascosas en el año 1943, para una edición especial de la editorial Random House que consistía en un estuche con otro libro más, Jane Eyre de Charlotte Brontë, junto a Anne y Emily, otra de las hermanas también escritora. Esta ilustración en concreto se usó para la portada y contraportada, no iba en el interior del libro.
Con Heathcliff bajo el árbol, Eichenberg se inspira en uno de los puntos culminantes de la novela, justo después de la muerte de Catherine, cuando Nellie, la criada y narradora de la historia, va en busca de Heathcliff para darle la mala noticia, temiendo su reacción:
Yo deseaba y a la vez temía encontrarle. Sentía que era mi deber darle aquella terrible noticia, y quería hacerlo cuanto antes, pero no sabía cómo.
Allí estaba, como mínimo a unos cuantos metros parque adentro, apoyado en un viejo fresno, con la cabeza descubierta y el pelo empapado del rocío que se acumulaba en las yemas de las ramas y caía tamborileando en torno a él. Debía de llevar mucho tiempo en aquella postura, porque vi a una pareja de mirlos que pasaban y volvían a pasar a un metro escaso de él, ocupados en construirse su nido y concediendo a su presencia la misma importancia que darían a un tronco.Emily Brontë, Cumbres Borrascosas (Libro II, capítulo II)
Eichenberg logra reflejar a la perfección, en una sola imagen, cómo es este personaje, todo lo que representa: un alma solitaria, torturada e incomprendida, el claro ejemplo del antihéroe con una ira desbordante, que destruye todo a su paso; es un personaje casi arquetípico dentro del espíritu romántico y su corriente literaria. Precisamente por estas características que componen a personajes como Heathcliff, estos despiertan nuestra fascinación y nos hacen querer comprender su psicología, qué los lleva a ser así.
Es una obra que ejemplifica el talento del artista para ofrecernos una estampa tan acorde a la novela, cargada de tal veracidad y dramatismo que le hace justicia a un personaje literario tan complejo, perturbado y excepcional.
Fritz Eichenberg