
¡La casa está ardiendo!
Burn Motherfucker, Burn!
Así, entre exclamaciones nos alerta Munch de que hay un incendio en esta casa. No da demasiadas razones, no da contexto, sólo gente huyendo despavorida de esa catástrofe.
Al parecer, la pintura fue inspirada por algo que vio el pintor el 31 de agosto de 1927 en la casa de al lado. La mansión ardió provocando el pánico entre los vecinos y la fascinación en un artista tan oscuro como el bueno de Edvard.
Más que el fuego en sí, Munch quiso retratar su especialidad: miedo, ansiedad, desasosiego… Casi nadie tiene cara, y los que la tienen, son más rictus fantasmales, más expresiones emocionales que otra cosa. Además sitúa nuestro punto de vista entre toda esa gente. Quiere que nos sintamos en medio del caos. También podemos ver al camión de bomberos rojo intentando apagar el incendio, algo de lo más moderno en esos años.
Munch ya estaba medio retirado en su casita de Ekely, pero dicen que este incendio volvió a romper su fragilísima paz mental. En su cabeza había un cóctel de depresión, trastorno bipolar y una incipiente agorafobia, por no hablar de alcoholismo.
¿Cómo gestionó el artista todo esto? Pintando, claro. Munch canalizó sus mierdas por medio del arte. Convirtió el dolor en algo bello. Para eso sirve el arte también.
Edvard Munch