
La cocina del granjero
La crudeza de la Gran Depresión
No todo el mundo supo apreciar la versión descarnada de la humanidad que mostraba Ivan Albright en sus obras. Una parte del público consideraba que eran excesivas, inquietantes y deprimentes. Sin embargo, la época en la que pinta La cocina del granjero tampoco es que fuera para tirar cohetes: una guerra mundial reciente, el crack del 29 y la Gran Depresión había tocado y hundido a la sociedad estadounidense.
Albright participó en el Public Works of Art Project (PWAP) desde su Illinois natal. Este programa estatal, integrado dentro del New Deal, tenía como objetivo emplear a artistas profesionales para que siguieran produciendo arte destinado a espacios públicos, a pesar de la crisis. El encargo giraba en torno a «la escena americana en todas sus fases», por lo que no resulta extraño que el estilo de Albright encajara tan bien con el espíritu de su tiempo: una pintura oscura, inquietante y barroca hasta lo microscópico.
Mientras que la artista Lily Furedi pintó para el PWAP una visión melancólica y poética de la vida urbana -en su obra El metro de Nueva York, Albright dirigió su mirada al interior del país, centrándose en la dura realidad del trabajo agrícola.
En La cocina del granjero, el artista retrató a una vecina suya de Illinois y reelaboró su imagen hasta convertirla en la pesadilla hecha realidad de la clase trabajadora estadounidense de la época de la depresión. Nos muestra una mujer envejecida por el sufrimiento mientras pela rabanillos, con las manos enrojecidas e hinchadas. Detrás tenemos papel pintado, una cocina económica desgastada y un gato que parece asfixiado ante la perspectiva de vida que tiene delante. La figura se funde con el fondo, en tonos apagados, salpicada por el dramatismo del rojo.
El resultado es una obra dinámica, caótica, íntima, desequilibrada, exagerada hasta la irrealidad. En fin, una versión personal y bastante dramática del regionalismo norteamericano.
Ivan Albright