
La decapitación de San Juan Bautista
Caravaggio lo firma con sangre.
El asesino más buscado andaba por Malta y de camino, nos dejó una producción artística a la altura de su figura. Caravaggio realiza una obra de grandes dimensiones y la firma por primera vez, a costa del pobre Juan Bautista.
Fruto del buen momento que vivía en Malta, Caravaggio recibió por parte de los millonetis malteses un nuevo encargo: un óleo espectacular donde se narrase la orden de Herodes de decapitar a Juan el Bautista por el capricho frívolo de Salomé. Realmente, se muestra el momento posterior a la ejecución del santo dentro de una oscura prisión: San Juan yace en el suelo con las manos atadas mientras el verdugo termina de cortarle la cabeza; a su lado, un carcelero señala una bandeja que sostiene una joven —identificada como Salomé— para recogerla, mientras una anciana se cubre el rostro horrorizada; al fondo, dos prisioneros observan la escena desde su celda, todo iluminado por una luz dramática que resalta la violencia del acto y deja el resto en penumbra.
La imagen carcelaria (común en la vida del artista) es revelada por el claroscuro de Caravaggio, su firma más estilística. Y por si fuera poco, Caravaggio convierte la escena en algo casi teatral, como si el espectador hubiera pagado entrada para ver la función más macabra del momento… Pero sin posibilidad de pedir palomitas ni salir en el intermedio.
Una nueva decapitación realizada por el lombardo: firmada y evidenciando el buen momento de su vida, Caravaggio era caballero y su fin se acercaba poco a poco.
Caravaggio