
Los lisiados de la guerra
Siniestra cotidianeidad.
Los lisiados de la guerra es posiblemente mi obra favorita de Otto Dix. Expuesta por primera vez en la Primera Feria Internacional Dadá de Berlín, en 1920, se salvó de la polémica porque a su lado había cosas todavía más locas.
La obra muestra a veteranos mutilados, con rostros y cuerpos desfigurados, deambulando por un paisaje urbano; pero un paisaje urbano triste y árido, que recuerda a los campos de batalla que él mismo conoció. La crudeza visual no es gratuita: Dix vivió la guerra en primera línea, combatió de principio a fin como artillero, fue testigo de la muerte, la amputación y la desesperanza, y cada pincelada refleja ese contacto íntimo con el sufrimiento humano.
La composición no idealiza ni glorifica: los personajes aparecen inmersos en la monotonía, con un realismo casi clínico que obliga al espectador a confrontar aquello que normalmente se oculta. Cada figura, desintegrada y desilusionada por la guerra, parece contarte una historia personal de pérdida, traición y supervivencia, reflejando la obsesión de Dix por la memoria histórica individual y colectiva. Y, aun con esa estética grotesca y exagerada, que casi convierte a sus figuras en meras caricaturas, Dix no exime a la obra de cierto toque de humor negro al colocar a sus cuatro veteranos delante de una zapatería, un servicio del que, tras la guerra, tienen una necesidad mucho más limitada.
En opinión de una servidora, ese toque humorístico que Dix confería a sus obras es lo que contribuye a maximizar el desasosiego en el espectador: estos veteranos parecen robots, muñecos baratos, y dan más risa que lástima. Precisamente esa disonancia es la que consigue hacer pensar al espectador. Existe en la obra de Otto Dix un aura de siniestra cotidianeidad: nada es bonito ni está endulzado y, al mismo tiempo que todo es cotidiano, se siente irreal.
En 1937, los nazis expusieron Los lisiados de la guerra en su famosa Exposición de Arte Degenerado. Dix perdió honores, su puesto de profesor, y le confiscaron un montón de obras; muchas acabaron destruidas, incluida probablemente la que nos ocupa. Resulta que la reproducción de Los lisiados de la guerra que vemos por internet es, en realidad, una reproducción, y hoy por hoy solo nos queda una versión en grabado de punta seca conservada en el MoMA de Nueva York.
Otto Dix