
Paisaje urbano
Arterias de la ciudad.
En el Nueva York de principios de la década de 1950 destacó la figura de una mujer, Joan Mitchell, que pintaba unas abstracciones exuberantes, luminosas y brillantes. Como esa ciudad en esa época: mucho jazz, mucho alcohol y gente haciéndose la interesante en clubs cool llenos de hipsters y beatniks.
Pero mientras los machos alfa del Expresionismo Abstracto eran «pintores de acción», que pintaban rápidamente, en trance etílico, y se iban a tomar unos whiskies a brabuconear y medirse las pollas, Mitchell se paraba bastante en sus lienzos. Pintaba despacio, pausaba el proceso, observaba, dejaba descansar el ímpetu y volvía al ataque. Al final, el cuadro me dice qué hacer.
El resultado eran capas y capas de pinceladas de múltiples colores, superposiciones de trazos, líneas fluidas más o menos regulares, toques de color todos enmarañados para evocar las arterias de su ciudad. Quizás cuanto más abstracto que sea el arte, más sugiere. Aquí se retrata de alguna manera un paisaje, el urbano, que como decía ella, es un terreno fértil para la pintura.
Sin embargo, Mitchell dejaría Nueva York a finales de los 50 y optó por vivir en París a tiempo completo, donde su arte era igual o más reconocido.
Joan Mitchell