
Rana Gruñona
Amuleto anfibio.
Poco sabemos del artista Matsumoto Hoji. Sabemos que era de Osaka, que era pintor, xilógrafo y enmarcador de cuadros. Sabemos que vivió a mediados del período Edo (1603–1868). Sabemos que era experto en el Sumi-e y las llamadas pinturas zenga, la típica pintura zen japonesa, tan caligráfica, caracterizada por esas pinceladas directas, fluidas y expresivas.
Y sobre todo sabemos que a este señor del siglo XIX le gustaba pintar ranas y sapos.
No solo pintarlas. Al parecer también las criaba.
Sus pinturas de ranas son maravillosamente expresivas. Pintadas con pinceladas amplias y muy dinámicas (y después llevadas a la xilografía), hay cierto humor en esos personajes casi antropomórficos, con rostros que quieren expresar emociones humanas.
Son figuras solas, flotando en fondos vacíos. Hōji evitaba cualquier detalle innecesario que robara protagonismo a sus amados anfibios.
Solo con ver estas obras, ya dan buen rollo. Son como amuletos de buena suerte. De hecho, en la mitología japonesa, la rana es símbolo de buena suerte y prosperidad.
Un popular libro de la época libro, el Meika Gafu (1814), traducido literalmente: «Libro de pinturas de artistas célebres», incluía esta rana de Matsumoto Hoji. Tiene más de 200 años, pero sigue igual de futurista, magnética y expresiva.
Matsumoto Hōji