
Resaca
Resacón en Montmartre.
Aristide Bruant era toda una estrella en Montmartre. Cantante de cabaret, actor y propietario de varios antros de hostelería nocturna, conocía muy bien a Toulouse-Lautrec. De hecho, exhibió sus trabajos de en sus establecimientos y fue él quien tituló esta pintura ambientada en uno de sus tugurios. Eran muy amigos.
Quien posa aquí es nada más y nada menos que otra amiga de estos dos: Suzanne Valadon, excelente artista y modelo por excelencia del barrio bohemio de París. La vemos cansada, resacosa, sola, pero siempre dispuesta a tomarse otra copa. Lautrec la pinta con el vaso y la botella medios vacíos. El artista sabía mucho de resacas.
Algo que llama la atención de esta obra es lo diluido que está el pigmento. Quizás Lautrec se pasa un poco con la trementina para darle ese toque nebuloso, etílico, resacoso.
El alcoholismo era un motor y al mismo tiempo un problema en Montmartre. La gente —sobre todo artistas, músicos y escritores— bebían como peces en el río. Ya fuera para olvidarse de la miseria, el hambre o la falta de éxito; o bien por estimular las musas de la creatividad, el alcohol se consumía a diario.
Gracias a una ley aprobada en 1880, se facilitó de manera extrema la apertura de bares. Para 1889, Francia registraba un promedio de una taberna por cada 80 habitantes. En Montmartre, tres bares por cada cinco edificios de viviendas. Sin entrar en el consumo de abstenta (5 millones de litros anuales), un adulto consumía una media estimada de 100 litros de vino al año [1]. Aunque, para ser sinceros, en ese París de finales del XIX seguramente era más sano beber vino que agua debido a las pésimas condiciones higiénicas del agua corriente.
Henri Toulouse-Lautrec