
Carnavalada
Entroido galego.
Para algunos historiadores esta obra es la primera pintura expresionista del arte gallego. Sin intención de posicionarnos en tal meritorio título, sí tenemos claro que, si el expresionismo es, entre otras cosas, la deformación de la realidad en representaciones oscuras y sórdidas, este cuadro da la talla. De hecho, cabría preguntarse qué representa aquí Laxeiro. Si partimos del título, diríamos que gente disfrazada con máscaras. Si partimos de la sospecha, nada nos asegura que estén disfrazados. Quizás esta ambivalencia es la pretendida por el autor: jugar entre la realidad y la ficción, la luz y el miedo. Y de eso trata el Entroido gallego, de transgredir.
Aunque teniendo en cuenta el compromiso político del grupo de los «Renovadores» del que Laxeiro forma parte, tampoco descartaría otra lectura. Como la de que entre nosotros, entre lo nuestro, también habita nuestra ruina, el caciquismo y el fanatismo, disfrazados con las máscaras de la tradición y lo popular.
Pertenece a su estilo granítico, por esos rostros y volúmenes que recuerdan al trabajo en piedra, en este caso más bien al de los cruceiros tan numerosos en Galicia. La composición es ya de por sí algo angustiosa, con todas esas cabezas ocupando el lienzo. Parece que no tenemos escapatoria. Los tonos oscuros y terrosos y el resultante efecto perturbador nos remiten a una de sus grandes influencias, las pinturas negras de Goya. También hay bastante de Gutiérrez-Solana. Laxeiro se nutrió de la tradición tenebrista y la vanguardia expresionista para retratar nuestra identidad y renovar el arte gallego.
Laxeiro