
Mascarón
El rostro del Entroido.
Podríamos pensar que el autor decidió retratar uno de los famosos Entroidos gallegos, como el de Laza, Xinzo, Verín o el de los Xenerais do Ulla, pero no hay nada que permita identificar ninguno de ellos, y de eso se trata. Con una indumentaria y una máscara imaginadas, Laxeiro retrata el arquetipo de nuestro carnaval para representar el mundo del Entroido como idea simbólica. Históricamente estas fiestas han sido momentos de transgresión, deformación, humor e incluso cierta violencia ritual. Es el mundo al revés retratado como un personaje mitológico, el cual nadie identifica, pero toda Galicia es capaz de reconocer.
Tampoco es sólo un busto. Construyó una escena que baila entre lo real y lo mitológico en un ambiente de esperpento. A ello contribuye el color, tonos terrosos y un fondo oscuro que engulle al personaje. Los volúmenes tienen aspecto pétreo, y no es de extrañar, ya que esta obra pertenece a la estética granítica, la más reconocible de Laxeiro. Tomó como referencia la tradición escultórica gallega, como el románico, el barroco y la escultura popular y de cantería, para crear figuras con formas y texturas de piedra. De hecho, esta y otras obras están pintadas con espátula, para enfatizar la recreación telúrica.
El Laxeiro granítico se alejó del naturalismo sin llegar a abandonarlo. Su pintura está atravesada por una fuerte carga expresiva que canaliza su particular visión simbólica e inquietante del mundo.
Laxeiro