
El cíclope
Polifemo es un stalker.
Lo que puede parecer una escena extraña y onírica se trata en realidad de una historia mitológica.
Polifemo es en la mitología griega el más famoso de los cíclopes (criaturas gigantescas y monstruosas con un sólo ojo en el centro de su frente), conocido por el episodio en el que Ulises y sus hombres quedaron prisioneros en su cueva. Sin embargo, esta vez dejamos de lado la Odisea y nos centraremos en otro mito con Polifemo como uno de los protagonistas.
El cíclope estaba perdidamente enamorado de la bella ninfa Galatea, rozando la obsesión. Pero, como suele ocurrir en estas historias, su amor no era correspondido. Polifemo intentó conquistarla en múltiples ocasiones, sin éxito. Galatea lo rechazaba en todas y cada una de sus proposiciones, sintiendo rechazo por la apariencia y carácter tosco y salvaje del cíclope.
Además, el corazón de Galatea ya estaba ocupado por otra persona; Acis, un joven y guapísimo pastor.
En la escena, Galatea aparece completamente desnuda y dormida sobre una colina repleta de flores de colores, en un paisaje multicolor y difuminado, que sigue claramente la corriente del postimpresionismo, con un entorno difuminado y cierto aire onírico.
Si nos fijamos en la parte superior de la pintura, tras una montaña asoman los hombres y la gigantesca cabeza de Polifemo, que dirige la mirada (con su único ojo) a su amada y desinteresada nereida.
En esta ocasión no trata de cortejarla ni interactúa con ella, sino que, parcialmente escondido, se limita a observar, o mejor dicho a contemplarla embelesado, como un auténtico stalker mitológico.
No os dejéis engañar por la apariencia aparentemente amable e incluso simpática de Polifemo en esta obra, no deja de ser un ser gigantesco y peligroso, que acabará con Acis, el amor verdadero de Galatea, sólo por celos…pero esa es otra historia.
Odilon Redon