
El hallazgo de Moisés
Altibajos del mercado.
Dos años se pasó Alma-Tadema trabajando en este cuadro bíblico tras un viaje a Egipto (que por cierto, compartió con Winston Churchill).
El pintor se quedó alucinado con tanta historia, cultura, pirámide y ruina que se remontaban a los inicios de la civilización. Amante del pasado como era, decidió que su nueva pintura hablara de ese fascinante Antiguo Egipto, en concreto la escena en el que la hija del Faraón se encuentra al bebé Moisés entre los juncos del Nilo y se lo lleva en su cestita.
En 1904 al fin acabó la obra y fue un rotundo éxito. Hasta el rey visitó personalmente su estudio y le concedió la Orden del Mérito por «su extraordinaria labor artística y su impacto en la pintura de la época victoriana». Ese mismo día se convirtió en Sir Lawrence Alma-Tadema, como posteriores caballeros de la talla de Sir Jimmy Savile o Sir Tony Blair. Con ese título ya se podía luchar contra dragones y rescatar princesas.
Sin embargo, tras morir Alma-Tadema, ese éxito se fue diluyendo hasta el punto de que durante años nadie se acordaba de él. El hallazgo de Moisés fue perdiendo valor y llegó a ser vendida por la ridícula cantidad de £273. Y aunque parezca mentira, años después, una pareja la compró pero la abandonaron en un callejón. ¡Lo que les interesaba era el marco! El vendedor no se daba deshecho de ese enorme mamotreto de dos metros y llegó a ofrecer la obra gratis al museo que la quisiera ¡Y nadie la quiso! Acabó en un restaurante de comida inglesa. Lo más bajo.
Con los años, lo victoriano se puso de moda otra vez y la figura de Alma-Tadema volvió a resurgir. La pintura de repente fue adquiriendo valor En 1995, el cuadro se vendió por más de 2 millones de dólares. En 2010, lo compró un coleccionista privado por casi 36 millones.
Es la magia del mercado del arte.
Lawrence Alma-Tadema