
El retrato
Lo cotidiano es raro.
René Magritte nos invita a su mesa en este Retrato que evidentemente no es un retrato. ¿O sí…? Por si acaso una loncha de jamón nos mira, a ver si captamos el dilema o el chiste. Con Magritte nunca nada es lo que parece.
Magritte lo hace sencillo. Unos pocos elementos sobre la mesa, pintados de manera nítida y realista. Pero algo raro pasa, obviando el asunto ese del ojo totalmente fuera de contexto. Quizás es la perspectiva inclinada de forma antinatural: Magritte sitúa el punto de vista al servicio del espectador como si estuviéramos sentados frente a la mesa, pero parece que todo va a resbalar de un momento a otro. Quizás son los utensilios ahí tan bien colocados: hasta dan algo de miedo por lo que tienen de normal y cotidiano; tan normal y cotidiano como un asesinato o una mutilación en lonchas.
Una vez más, René Magritte sitúa los elementos un poquito fuera de lugar, dando lugar a algo extraño en nuestro mundo reconocible. Algo que sin enterarnos, nos trastoca. Y como siempre, nos hace preguntas. La más obvia es: ¿Os apetece comer jamón? Os estoy mirando.
Este Magritte es un cachondo. Evidentemente no se puede comer un cuadro.