
El viaje de la vida. Madurez.
Dificultades y ruegos.
Avanzamos una vez más en la serie The Voyage of Life de Thomas Cole. Hemos llegado a la madurez, a la edad adulta. Como artista especializado en los paisajes, los sentimientos que expresan esta pintura se reflejan principalmente a través del entorno. Una naturaleza que dista mucho del paisaje verdoso y en su mayor parte idílico que veíamos en las dos primeras pinturas de la serie. Aquí no hay una naturaleza amable y sosegada; hay tensión y desafío.
El paisaje es lúgubre, con una luz tenue y un ambiente eléctrico de nubarrones grises y tormenta. Una corriente impetuosa arrastra la barca del protagonista, avanzando velozmente.
El viajero es ya un hombre de mediana edad, que en lugar de controlar la barca y mirar hacia adelante con optimismo y energía como lo vimos por última vez en Juventud, ahora dirige su mirada implorante hacia el cielo, con las manos juntas en actitud de rezo, aferrándose a su fe, como si esta pudiera salvarlo de los peligros que lo rodean.
El ángel que lo acompaña durante todo el viaje, abre un agujero entre las nubes y observa la escena imperturbable, sin intervenir, dejando que el proceso natural prosiga.
Con la edad adulta llega la experiencia. Es como si se desprendiera de los ojos una venda imaginaria presente en nuestros primeros años de vida, y hasta ahora ésta nos hubiera impedido ver la realidad tal y como es: la vida como un sendero más bien duro y pedregoso, no un camino de rosas.
La felicidad es breve, momentánea; la tristeza, la melancolía y los problemas son duraderos, constantes. Esta es la desafortunada realidad de hacerse mayor.
Thomas Cole