
En la fiesta
¿Pintura figurativa de baja calidad?
Hay críticos que consideran que lo peor del arte actual —y al mismo tiempo curiosamente lo más popular— es la pintura figurativa de baja calidad que vemos en los exteriores de museos y galerías, por ejemplo en esos murales de nuestras calles, tan explícitamente figurativos, tan instrusivos, ahora tan bien financiados por ayuntamientos que ven con buenos ojos esa renuncia al potencial vanguardista radical del arte.
Es un Arte literal y masticado. Bien pintadito, bien comprensible, bien decorativo. Quizás reivindicando un poco alguna cosa. A veces con alguna referencia, algún chiste, alguna simbología para llenar el discurso de algo sólido. Y mejor invertir muchas horas en él, no vayan a pensar que es un timo. Grandes murales, muy visibles, muy cómodos, que no nos desvíen demasiado de nuestra ruta diaria… Imágenes identificables y fáciles de digerir.
Es totalmente lógico que en la era de la postmodernidad canse tanto lo moderno que se hacía hace cien años. Sin embargo, si buscamos originalidad, casi no queda otra que remontarse a esa época. Lo actual es la enésima manera de rehacer lo anterior. Por supuesto, con honrosas excepciones.
Pero hay que asumir que a pie de calle triunfa lo figurativo. Nadie necesita un doctorado en historia del arte para disfrutar de ello y apreciar el talento. Quizás de ahí esa ubicuidad, que lógicamente también se traduce en el mercado del arte, por mucho que a la crítica le fastidie.
El pintor escocés Jack Vettriano es un figurativo activista. No entremos en si su arte es o no pintura figurativa de baja calidad. Sea o no consciente de la banalidad y mediocridad del actual arte figurativo, este autodidacta apostó por él desde principios de su carrera (a los 36 años). Por supuesto, la crítica lo detesta. Porno suave mal concebido,
pintor por números
o pintura erótica sin cerebro.
Alguien dijo que su arte es un «doble cheeseburger envuelto en papel grasiento»: es decir popular y satisfactorio, pero sin valor nutricional (artístico) real.
Su obra más famosa, The Singing Butler (1992) es —por alguna razón— la impresión más vendida en Gran Bretaña.
Esta fiesta que representa aquí es otra muestra de su arte: figuración casi militante, narrativas abiertas, estéticas retro, demasiados ecos a un Hopper con acento británico…
Quizás eso de alta o baja calidad sea un concepto demasiado subjetivo.
Quizás no tenga nada de malo consumir alguna cheeseburger de vez en cuando.
Jack Vettriano