
Fuego de noche
Otro solsticio.
Un Goya desatadamente romántico retrata un incendio, temática propia de este estilo que le debe su estructura básica a este artista. Pero, como no, casi toque estilos bastante futuros, como la abstracción.
Goya pinta un espacio indefinido en el que la gente sale de ese incendio nocturno del fondo. No parece un suceso concreto. Más bien es una catástrofe en general, de esas que tan bien pintaba el buen hombre. Recordemos que se acababa de quedar sordo y eso oscureció un poco su arte en forma y fondo: el pintor empezó a realizar truculentas escenas sobre hoja de lata con naufragios, asaltos e incendios como este.
Una vez más, caos ordenado, confusión calculada y dramatismo —rozando prácticamente el terror— que este pintor consigue convertir en belleza como por arte de magia.
Dejando estas obviedades de lado (sabida es mi devoción por Goya y su pintura), lo que realmente me llama la atención de esta pintura es la forma de representar algo tan difícil de representar como es el fuego. Con unas pocas manchas consigue recrear este elemento que no se caracteriza precisamente por estarse quieto mientras posa.
En una noche tal especial como la de hoy, con el fuego como protagonista, quiero hablar de una obra sobre el fuego, aunque sea un poco malrollera. Hoy, la juventud —ya que esta es su fiesta— salta por encima de las llamas varias veces (el número varía según la zona, aunque parece que una cifra impar es importante) para espantar malos espíritus.
La simple contemplación de ese fuego a medianoche ya tiene una poderosa función purificadora.
Francisco de Goya