
La trucha
Sincero con la verdad.
Courbet participó de manera bastante activa en la Comuna de París, un breve experimento socialista que gobernó París de marzo a mayo de 1871. Durante ese periodo, el pintor fue el encargado de la administración de los museos de la ciudad, pero al caer el gobierno revolucionario, alguien lo acusó de haber destruido la columna Vendôme y lo condenaron a seis meses de prisión y una multa de 300 000 francos. Courbert chupó cárcel, pero no pagó la desorbitada multa, ya que se marchó una temporadita.
En la cárcel de Sainte-Pélagie (donde habían estado presos también Daumier, Proudhon o el marqués de Sade, todos ilustres revolucionarios) Courbet pintó truchas. Quizás se identificaba con la figura de un pez agonizando, preso de un anzuelo en la boca. Quizás le gustaba esa textura brillante y resbaladiza, con matices de un arco-iris. Quizás es de las pocas cosas que tenía para comer o para pintar en ese medio año que pasó en el talego.
Lo que queda claro es el buen hacer de este pintor realista, líder e impulsor del movimiento más coherente con sus luchas personales, políticas y artísticas. Como decía el propio artista: realista significa también ser sincero con la verdad.