
Margaret Lemon
Ácida como un limón.
Margaret Lemon (c. 1614 – c. 1643), fue nada más y nada menos que la plebeya más pintada del siglo XVII.
Esta señora inglesa fue modelo y amante de Anton van Dyck durante la segunda estancia del pintor en Londres en 1632. Poca documentación hay de la vida de Margaret, pero sí existen numerosos cotilleos y rumores. Se sabe que Lemon era música y tocaba muy bien la viola. Por alguna razón, en un momento dado se le encomendó la responsabilidad de cuidar las habitaciones de Van Dyck en los palacios de Blackfriars y Eltham, a donde acudían ilustres invitados, desde mecenas con mucho dinero al mismísimo Carlos I de Inglaterra. Sabemos que el monarca llegó a adquirir un retrato de Margaret, alimentando un poco más la rumorología.
Un enamorado Van Dyck la usó como modelo para sus Venus, sus Floras, sus Psiques y sus Andrómedas. Por sus rasgos, Margaret transmitía belleza y juventud, pero también una fuerte personalidad.
Muchos alertaron al pintor de que Lemon era una «mujer peligrosa». Según todas las crónicas, era «violentamente celosa» y en una ocasión, al ver a Van Dyck hablando con otra mujer, una enloquecida Margaret intentó morderle el pulgar para acabar así con su carrera de pintor.
Al final, la relación de Lemon con Van Dyck se terminó. Algunas fuentes hablan de que lo dejó ella por un capitán militar, otras que fue el pintor quien la dejó para casarse con Mary Ruthven en febrero de 1640. Mary era una aristócrata escocesa y llegó a ser dama de compañía de la reina Enriqueta María. Incluso se dice que el matrimonio de Van Dyck fue arreglado por el Rey para salvar la salud mental de su artista favorito, que ya empezaba a sufrir las consecuencias de una relación tóxica.
Van Dyck fallecería pocos meses después de este matrimonio, pero Margaret, su antigua amante y modelo, siguió ejerciendo de musa para otros artistas del barroco inglés como Samuel Cooper, Peter Lely, Cornelis Janssens van Ceulen y Adriaen Hanneman.
Algún autor ve probable que Lemon se acabara suicidando tras perder a su amor en la Guerra Civil Inglesa. Como algunas de las heroínas clásicas que encarnó en sus pinturas, dicen los mentideros de la historia que la modelo murió de un disparo autoinflingido al enterarse de que su amante había perecido.
No hay duda de que Margaret Lemon dejó una huella indeleble en el arte inglés. Afortunadamente para Van Eyck, al final no dejó huella en su dedo.
Anton Van Dick