
Mediterráneo
Otras aspiraciones.
Todos los estilos de finales del siglo XIX, que colocan las bases para el arte moderno, surgen de la misma inquietud: cuando el arte ya ha alcanzado la cumbre del realismo formal y temático hay que encontrar otras aspiraciones. De este punto común se proyectan en distintas direcciones el Postimpresionismo, el Primitivismo, el Simbolismo, el Art Nouveau…
En este contexto de renovación surgió un grupo de pintores franceses, los Nabis. Divergentes en estilo y con pocos rasgos formales en común, lo que les unía era, en paralelo al Simbolismo, la persecución de lo espiritual en cualquiera de sus sentidos: lo psicológico, lo místico, lo religioso. Alcanzar lo intangible en la materialidad del arte plástico es una contradicción que se resuelve, para los Nabis, en la siguiente conclusión: eludir lo realista para llegar a lo incorpóreo.
Para Maillol lo espiritual se había de traducir en el arte en forma de pureza serena, de solidez limpia y de belleza ordenada. Esto resuena, evidentemente, a lo griego; la raíz de la belleza clásica se actualiza en lo mediterráneo. Hay un implícito nacimiento de Venus en esta obra que muestra, ya en términos modernos, el brote de la nueva belleza arraigada en la antigua. Este es un contenido conceptual que no puede ni debe representarse imitando la realidad, sino transformando la naturaleza en idea, con colores planos y sintetizando lo esencial de cada volumen.
Aristide Maillol