
Naturaleza muerta con una calavera y una pluma de escribir
Todo es vanidad.
Naturalismo barroco puro y duro. Crudo.
Es de Pieter Claesz, maestro holandés del bodegón, especialista en vanitas y apasionado de plasmar en sus lienzos cosas corruptibles y perecederas.
Todo esto es un conjunto de símbolos, claro. Un vaso caído, la mecha de una lámpara de aceite que se apaga, las volutas de humo, los reflejos en el vidrio, la calavera sin varios dientes… Está claro que todo se acaba, pero para muchos artistas es importante recordárnoslo. Desde luego lo era para Claesz, que no paró de pintar estas temáticas hasta que inevitablemente le tocó el turno a él.
Cierto es que a los holandeses con pasta del XVII les encantaba comprar estos cuadros. Por un lado las naturalezas muertas servían para presumir de riqueza, incluso justificarla ante Dios, pero, al mismo tiempo metían cosas fugaces para recordar que nada de eso importaba al morir. Es esa repugnante doble moral calvinista: Soy asquerosamente rico, Dios me ha bendecido con éxito económico (a ti no), pero sé que mi alma no está a salvo si adoro estas riquezas, así que finjo austeridad.
Fijémonos también en esos papeles y esa pluma manchada con tinta. Claesz los incluye en ese bodegón de logros mundanos. ¿De que sirve escribir, aprender, crear arte…? Parece que nos está diciendo que eso también es vanidad.
Todo es vanidad, que decía el rey Salomón.
Pieter Claesz