
San Sebastián atendido por Santa Irene
Curación inapropiada.
Un tema muy utilizado en la historia del arte, sobre todo en el barroco, es el de Santa Irene curando a san Sebastián.
Ya sabemos que a este santo lo ataron a un árbol y le lanzaron varias flechas. Lo que no sabe tanta gente es que el santo sobrevivió gracias a las atenciones de santa Irene. Después lo matarían otra vez, en esta ociasión lapidado, pero la curación milagrosa a base de ungüentos (el atributo que siempre tiene la santa en sus representaciones, aunque aquí Régnier lo ignora) fue una temática muy atractiva para mostrar escenas que, sacadas de contexto, son algo subiditas de tono.
Como siempre, san Sebastián aparece con muy muy poca ropa y parece encontrar placer en las cosas más dolorosas. La santa, por su parte, permanece impertérrita sacándole una larga y fálica flecha demasiado arriba en el muslo. Su criada mira fascinada la escena.
Será por la estética o por ese estilo suave y decorativo de Régnier, pero esta pintura rezuma un extraño erotismo que poco o nada tiene de espiritual. Ya decía Vasari que las representaciones del santo llegaron a despertar pensamientos y deseos inapropiados entre las feligresas (y algún que otro feligrés).
Aún así es una pintura perfecta para la Contrarreforma, que promocionó la participación activa de la mujer en temas espirituales.