

Sin título
(celosía III)
Laberintos de madera
Cristina Iglesias experimenta con el espacio como un elemento central de su obra. Parte de sus instalaciones son estructuras ensambladas, que ella llama celosías. Estas piezas no se pueden entenderse únicamente con la observación, ya que se han creado para ser recorridas y experimentadas, Su diseño nos atrae y fascina, nos inquieta y desconcierta.
Las celosías estan formadas por planchas con distintos entramados que, al unirse entre sí, generan espacios que invitan al espectador a rodearlos, acercarse y a tratar de resolver el enigma. El complemento ilusiorio es fundamental, ya que el cerebro intenta interpretar qué es exactamente lo que tiene delante, a partir de la interacción y la observación de lo engañoso de la obra. ¿es un espacio abierto o cerrado? ¿qué hay en su interior?; ¿Se puede entrar del todo?; ¿hay sitios encerrados en su interior?; ¿qué recorridos puedo hacer por él?; ¿puedo atravesarlo?; ¿cómo se ve el exterior desde el interior?; ¿de qué está hecho? ¿es una cabaña, un laberinto, unas ventanas superpuestas?
Para lograr este efecto no sólo es importante el material o el entramado, sino también la relación entre la obra y la luz. Las luces y las sombras ayudan a construir la sensación de espacio y volumen. A demás, la celosía tiene una fuerte carga cultural, ya que remite a la idea de lo oculto e íntimo, presente en la arquitectura islámica doméstica o los confesionarios de las iglesias católicas.
Esta celosía III incorpora fragmentos de la novela À rebours, de Joris-Karl Huysmans (1884). Se trata de una narración donde el protagonista odia a la burguesía y el utilitarismo del siglo XIX y que quiere retirarse y aislarse en un mundo artístico creado por él mismo. La obra supone una ruptura con el naturalismo y está estrechamente relacionada con el simbolismo y el decadentismo.
La escala de la estructura está pensada en relación con el cuerpo humano y transmite, al mismo tiempo, una sensación industrial y orgánica. Los paneles funcionan como paredes, techos, fondos y superfícies y, a la vez, reproducen formas y texturas naturales. El espacio se transforma así en un escenario que debe de ser vivido: sin esta interacción del espectador, la obra no está completa.
La obra, en resumen, nos habla de la división entre lo público y lo privado, entre lo visible y lo oculto, Es un juego constante de transparencias, yuxtaposiciones y ocultamientos que activa la percepción del espectador y lo convierte en una parte imprescindible de la obra.
Cristina Iglesias