
Tarde de primavera
La sangre altera.
Ya había estado ahí de estudiante de arte, pero en 1874 Böcklin se va a Florencia y de ahí al sur de Italia, donde se lo pasa en grande y absorbe influencias artísticas como un endemoniado. Se ve en este cuadro, donde vemos al rústico dios Pan —mitad hombre mitad macho cabrío— tocando un solo de flauta para unas ninfas, que escuchan obnubiladas a este rock and roll star primitivo y atávico.
Es primavera, el sol se está poniendo y ya sabemos lo que pasa en la sangre cuando florecen las flores y cuesta irse a casa cuando el sol se está poniendo. Estamos pues ante una verdadera alegoría de la naturaleza eclosionando y, por extensión, de la fertilidad.
Pero no hay rastro de alergias en esta escena. Todo es relajación, mística de rock progresivo setentero y una iluminación casi psicotrópica ideal para un concierto primaveral donde unas flores de vivos colores hacen de focos.
Böcklin volvería a la oscura Alemania donde siguió siendo un místico, pero digamos que menos flower power y más Krautrock. Más teutón. De hecho, el puto Adolf Hitler estaba obsesionado con este pintor.
Aunque el bueno de Arnold volvería a su amada Italia a morir, donde quizás pudo olvidar sus fríos inviernos.
Arnold Böcklin