
Odiseo y Calipso
Amor no correspondido.
Odiseo (Ulises para los romanos) mira al mar. Como es lógico, echa de menos su casa, Ítaca.
La ninfa Calipso, enamorada perdidamente de él, lo «retuvo» durante siete años en la isla de Ogigia, que era un auténtico paraíso. Fértil y abundante, en este lugar no faltaba de nada. Ahí comieron, bebieron y retozaron los dos hasta la saciedad. La ninfa incluso le ofreció al héroe ser inmoral y eternamente joven, pero Odiseo tenía demasiada morriña y se cansó de todo eso. Su corazón estaba en otro sitio.
Por eso mira al mar, como una estatua inmóvil. Sentada sobre una tela rojísima como su pasión, y dejando de tocar su lira, ella lo mira a él, sabiendo que no tiene nada que hacer. Nunca dos personas juntas en una isla estuvieron más separadas.
Por intercesión de los dioses, Odiseo pudo fabricarse una balsa y dejar Ogigia. Según fuentes clásicas (no Homero, sino más bien fuentes romanas), Calipso no pudo soportar ese amor no correspondido. Tras la partida de su amor, ella se quedó esperándolo toda la vida en la playa. Otros dicen que al final no lo pudo soportar u acabó con su vida. Una tragedia griega en toda regla.
Arnold Böcklin