
Vista de Toledo
Postal espiritual.
Uno de los dos paisajes conservados —que se sepa— de El Greco, ambos representando vistas de su ciudad de acogida.
Domenicos Theotocopoulos era un inmigrante cretense que llegó a Toledo en el siglo XVI y fue acogido en la ciudad de muy buena gana. Sus pinturas gustaron mucho, pese a su extraño y novedoso estilo. Su estilo, que mezcla lo bizantino de su origen, la pintura veneciana de su formación y la tradición toledana de su adopción (con todavía vestigios culturales judíos, cristianos y árabes).
Además el género del paisaje no existía en esos años. De hecho, se cree que esta es la primera pintura de paisaje española.
El Greco retrata la ciudad en unos muy poderosos y vivos azules, negros y verdes. Es como si quisiera retratar la fertilidad de esa tierra que le había abierto tantas oportunidades profesionales. La levanta sobre unas colinas, como si fueran un pedestal. Sin embargo, lo que más llama la atención de cuadro son esos cielos nublados. Un cielo oscuro y dramático que amenaza las tormentas barrocas que vendrían en pocos meses.
El Greco pinta un Toledo casi imaginado, aún con edificios muy reconocibles como la catedral y el Alcázar, y lo hace cerca de un cielo espiritual, temible y poderoso. Un naturalismo que roza lo sobrenatural.
Dicen que esta obra le voló la cabeza a Cézanne (y a bastantes más), y desde que la vio, los paisajes del postimpresionista adoptaron ecos toledanos.
El Greco