
Bailarina
Vórtice de movimiento.
El escultor de origen francés Henri Gaudier-Brzeska llegó a Londres en los años 10 del siglo XX y entró en contacto con el vorticismo, el único movimiento de vanguardia británico significativo de aquella época, una corriente artística entre el cubismo, el futurismo y un conglomerado de nuevas expresiones creativas de la modernidad.
Gaudier-Brzeska contribuyó significativamente al desarrollo de la escultura moderna, siendo muy influyente en escultores posteriores. Su estilo se caracteriza por que dejaba marcas visibles de las herramientas en sus obras. No le importaba que se vieran las huellas del cincel en sus esculturas. Además se propuso reducir sus obras a volúmenes esenciales, puros, geométricos
Otra cosa característica de Gaudier-Brzeska es que era partidario de la talla directa, sin modelados previos en arcilla o yeso. Quizás por ello hacía sus interesantísmos bocetos en papel, con un estilo «caligráfico» de trazos rápidos, fluidos y muy económicos. Y muy dinámicos.
Para sus esculturas de bailarinas, inspiradas en los Ballets Rusos, realizó bocetos en tinta como este, donde podemos ver un compendio de sus influencias: de Rodin al arte africano, de Oceanía y América Precolombina al cubismo y el futurismo. De la caligrafía japonesa al vorticismo de esos años previos a la Primera Guerra Mundial, donde Henri acabaría muerto con solo 23 años de un balazo en la cabeza.
Henri Gaudier-Brzeska