
Baile de máscaras en la ópera
Le Big Mac.
Chisteras y antifaces se reúnen en el vestíbulo del teatro. Conversan en el Baile anual de la Ópera, el más famoso de todos los bailes del Carnaval de París, un evento que se remonta a 1716. Por cierto, que el año que Manet pintó esto, el teatro ardió hasta los cimientos y el evento pasó a celebrarse en la ópera Garnier.
Fuera donde fuera, este baile de máscaras atraía a la gente más chic de la ciudad, a la crème de la crème, que incluía al propio autor del cuadro, el segundo por la derecha.
Manet pinta una obra demasiado moderna para 1873. Tanto, que fue rechazada para la exposición del Salón de 1874. Es moderna porque representa una escena de la vida urbana contemporánea, algo impensable apenas unos años antes. Moderna porque retrata a varios de sus amigos, alternando con coristas y bufones. Moderna por esa composición horizontal llena de negro y salpicada por notas de puro colorido. Y es moderna por esa revolucionaria pincelada suelta que haría de Manet el padre del Impresionismo.
Manet se permite «amputar» a algunos personajes en los laterales y en la barandilla superior, en la que solo vemos piernas.
Y como su adorado Velázquez, Manet firma en un papel tirado en el suelo.