
Chicos vacíos
Cómo deben de ser los hombres «de verdad».
Es importante saber que ésta imagen es sólo un fragmento interdependiente de la serie Hogar dulce hogar: Trayendo la guerra a casa (1967 – 1962). En conjunto, la serie habla de la construcción de la identidad de género, confrontando estos con los efectos de la guerra y del militarismo. Toda la serie se compone de collages hechos a partir de fotografías de guerra y anuncios, todas ellas imágenes de revistas y periódicos.
En esta serie se relacionan constantemente aspectos como los roles y arquetipos relacionados con la masculinidad y la feminidad y la relación que tienen con el trabajo doméstico y la guerra. En el contexto de la Guerra de Vietnam, la autora reflexiona sobre cómo hace tiempo que se han diluido las barreras entre el frente de batalla y la retaguardia.
A la vez, reflexiona sobre cómo las noticias transmiten la sensación de que la guerra está sucediendo muy lejos de casa. Esta impresión le parece absurda, especialmente, desde el punto de vista de una ciudadana del país que ha iniciado dicho conflicto. Por eso, con sus collages intenta romper la distancia entre el hogar y el frente, trayendo la guerra a casa, como indica el título. En sus palabras: «No estamos» «aquí» y «allí». Somos todos uno, y esto es crucial” [1].
De todas las obras de la serie, Chicos vacíos nos habla del imaginario sobre cómo deben de ser los hombres «de verdad», esos arquetipos que salen en las películas de guerra americanas: el tipo duro, el que sobrevive, el que ignora el dolor físico y mental. Hace referencia a esos chicos que son modelados para convertirse en una legión, igualados bajo el molde y la jerarquía del sistema militar. En el collage, debajo de los recortes de las siluetas de soldados, uno igual al otro, hay un campo de batalla, donde esos mismos chicos combaten, enfrentándose a la realidad.
En definitiva, un retrato de la masculinidad que necesita la maquinaria de guerra. Una de esas guerras, como dice la autora, que no son tan lejanas.
Martha Rosler