
El Puente de Europa
Tiempos modernos.
Caillebotte era todo un urbanita. Mientras bastantes de sus colegas impresionistas (Monet, Pissarro… en realidad casi todos) se sumergían en la naturaleza y el mundo rural para crear sus obras, a Caillebotte le iba más la modernidad, el ruido, las calles de ese nuevo París reinventado por el barón Haussmann.
Por eso, los temas urbanos le flipaban y los pintó cada dos por tres. Es el caso de esta sorprendente escena del Pont de l’Europe, que cruza las vías del tren de la estación de San Lázaro. Construido en 1863, el puente se convirtió en todo un símbolo de la nueva ciudad moderna, casi futurista. Recordemos que quedaban todavía unos años para la construcción de la emblemática Torre Eiffel.
A Caillebotte este puente le quedaba a diez minutos de su casa. Y por muy impresionista que fuera, el pintor no es aquí precisamente colorista. La obra es prácticamente monocromática, construida con sólidos tonos azules propios del invierno parisino y el frío metal de semejante obra pública de ingeniería. Además la composición está llena de geometría, con verticales y diagonales dividiendo y subdividiendo la pintura. Sólo esos peatones, aunque también construidos en colores fríos, se salen un poco de esa rigidez geométrica.
Desde luego esas líneas rectas no se ven mucho en la naturaleza.
Gustave Caillebotte