
Escultura invisible
Seguro que tenéis una réplica en vuestra casa.
Un momento Doc… ¿Qué nos ocurre en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?
Marty Mcfly, 1985.
Hace unos años, un tío vendió una escultura invisible por 15.000 euros, despertando las iras de los aficionados al arte más conservadores. ¿Fue el primero en hacer esto? Evidentemente no… Ya lo dijo Bowie en una ocasión: Nunca seas el primero en hacer algo…
Y apuesto a que Bowie no fue el primero en decirlo.
Antes de este señor, más de una docena de artistas intentaron vender su «nada» con argumentos variados (Zona de sensibilidad pictórica inmaterial, Arte telepático, Laberinto invisible, Aire…). Y muchos lo lograron, Klein a Byars, pasando por supuesto por Warhol, que en 1985, decidió una noche en una discoteca hacer una performance revolucionaria: se subió unos segundos a un pedestal y acto seguido se bajó de él y se largó de ahí, activando como por arte de magia el valor artístico de la pieza.
Y ojo, que la pieza no era el pedestal, ni la etiqueta de pegó después en la pared: Andy Warhol, EE. UU., Escultura Invisible, Técnica Mixta, 1985.
(aunque evidentemente también forma parte de la obra). La pieza era el vacío. Un fragmento de arte invisible que se puede vender. De hecho se vendió, y aún se vende en forma de diorama. Por 250 dólares podemos tener una réplica en miniatura en casa… aunque buscad por ahí, a lo mejor ya tenéis una valiosa copia de Escultura Invisible en cualquier rincón de vuestro hogar.
¡Y no os enfadéis con el artista! Él es sólo el mensajero. Pero eso sí… este tío no fue el primero en vender una escultura invisible. Ni será el último.