
Huevos rotos
Metáfora de la pérdida de la virginidad.
Al estilo holandés de escenas de la vida cotidiana con cierto mensaje moralizante, el rococó Jean-Baptiste Greuze pinta una alegoría de la pérdida de la virginidad de una muchacha.
Greuze opta por mostrar esto con una narrativa con una vieja echándole la bronca a su hijo menor por haber roto los huevos en la cesta de la sirvienta. Ella está sentada compungida en el suelo. A la derecha, en su inocencia, un niño intenta sin éxito reparar uno de estos huevos.
Hay quien ve aquí una escena de burdel, con alcahueta incluida y una suerte de Cupido intentando arreglar una de sus travesuras, pero eso sería casi impensable para un académico como Greuze. Más bien se trata de algo más general, cotidiano y universal como es el tema de la bella joven que no ha podido resistirse a los encantos de un guaperas. Y la madre de la chica le pide responsabilidades al avergonzado galán por esa aventura.
Una cosa tan insignificante y a la vez tan importante como la rotura de unos huevos es tratada como una escena de la Biblia. Es típico de Greuze mostrar estas escenas cotidianas con poses dramáticas más propias de la pintura histórica o religiosa.
Jean-Baptiste Greuze