
Interior. Luz artificial
Gente de interior.
La nueva casa de Hammershøi en el número 6 de Kvæsthusgade, en Copenhague, inspiró al pintor en otro de sus típicos interiores iluminados con velas, pero esta vez un poco más oscuro.
Es evidente lo que le gustaba a este señor: interiores (la mayoría de sus obras se titulan así) con poco mobiliario, a veces con una mujer sola, a veces, como es el caso, con nadie en la habitación, salvo esas dos velas solitarias, juntas e iluminándose la una a la otra en una oscura habitación.
Esas dos velas pueden simbolizar cierta interacción humana, o quizás la ausencia de ella. Puede que simbolice el matrimonio entre Vilhelm e Ida, su gran amor.
Ida Hammershøi (de soltera Ilsted), era de familia rica y se casó con el pintor en 1891. Desde entonces, viven juntos e Ida se convierte en musa, compañera y ocasional modelo (casi siempre de espaldas). Lo cierto es que eran el uno para el otro, o al menos, «se toleraban entre sí», que no es poco. Al parecer evitaban bastante el contacto con el mundo exterior. Eran, como no, de interior.
Según los registros de la Biblioteca Real de Dinamarca, a Ida la diagnosticaron con «histeria». Era «inteligente» pero «tenía mal genio». Cuando murió Hammershøi en 1916, ella siguió siendo de interior casi tres décadas más.
Vilhelm Hammershøi