
La novia judía
El amor está en el aire.
No queda muy claro lo que pretende ilustrar aquí Rembrandt. El título de La novia judía fue puesto en el siglo XIX, cuando un señor holandés decidió que la pintura era de un padre judío que le regala un collar a su hija el día de sus boda. Vaya usted a saber porqué interpretó eso.
Hoy ya nadie acepta esa interpretación, pero a falta de un título mejor, se quedó ese.
La verdad es que Rembrandt no pone contexto alguno. Es un cuadro ambiguo. No sabemos quién es esta pareja, o si quiera si son una pareja. Puede ser que ella esté embarazada, pueden ser un matrimonio del Antiguo Testamento (Isaac y Rebeca, Boaz y Ruth quizás?). Hay quien cree que puede ser Titus, el hijo del pintor, con su novia. O puede ser que ni siquiera sean judíos, aunque hay quien asegura que son 100 % sefaraditas.
Cierto es que Rembrandt fue el artista gentil que más escenas judías retrató. Puede que vivir al barrio judío de Amsterdam influyera en su arte. Su producción cuenta con muchísimas obras relacionadas con los judíos o protagonizados por ellos.
Sean quien sean estos dos, lo que queda claro es que la pintura es puro Rembrandt, mezclando tradiciones, combinando Venecia con Flandes, luces fuertes con sombras, pinceladas firmes y sólidas con veladuras transparentes. Creando luz de la nada, como el mago que era.
También no cabe demasiada duda de que aquí hay amor de verdad. Él coloca su mano derecha sobre el pecho de la señora, justo encima del corazón. Ella cubre la mano con la suya, dejando ver su anillo. El amor está en el aire.
Rembrandt tuvo la suerte de conocer el amor. Varias veces.
Rembrandt van Rijn