
Stigma Diaboli
Las perversiones de la Inquisición.
La Inquisición explora minuciosamente un lunar en el culo de esta pecadora. Es una posible marca de que ella es una bruja (un Stigma Diaboli, la Marca del Diablo), prueba suficiente para castigarla duramente.
Los religiosos, como vemos, visten sus hábitos, pero también máscaras de carnaval. Están doblemente disfrazados. Pero en esta habitación privada no necesitan esconderse. Sonríen y observan con lascivia a la acusada, que posa sobre un libro sagrado. Si se descuida un poco, puede caer en ese agujero que hay en el suelo. Por cierto, uno de ellos es André Breton, el líder del surrealismo.
Un santo de piedra estilo románico (que recuerda a alguno del Pórtico de la Gloria) también se retuerce de lujuria. Como uno de los curas, hace un símbolo con la mano, recurrente en la obra de Trouille, una unión del índice y el pulgar como en la meditación de un mudra del yoga, aunque en este autor esta postura siempre está relacionada con algo sexual.
Al fondo de esta habitación vemos una mazmorra donde otra bruja es castigada por un malvado clérigo-Skeletor.
Trouville siempre con su anticlericalismo psicotrónico. Este punk creaba en algún incómodo lugar entre lo camp, lo kitsch, lo naif y lo onírico. Aún así, es una imagen que explica perfectamente la corrupción en la Iglesia, que como en toda organización política, tiene su buena cantidad de manzanas podridas. Por cierto, premio al sunormal para el primer comentario que diga: esto con Mahoma no lo hacéis.
Clovis Trouille